Monté mi primera empresa a los 23 años y me quebré. Es el dato que más me sirve de todo lo que voy a contarte: sé exactamente cómo se siente estar adentro de un negocio que no da y no saberlo todavía.
Entre 2006 y 2008, en Florida, me tocó rediseñar el comercio electrónico de la compañía donde trabajaba. Las ventas en línea crecieron 600%. Eso fue casi veinte años antes de que esto se volviera un negocio en Colombia, y me dejó una idea que no se me ha movido desde entonces: lo que decide una tienda no es la tienda.
Después pasé más de una década adentro de compañías grandes — Coca-Cola FEMSA, y casi ocho años en Auteco, donde lideré una región de 120 millones de dólares al año. Ahí aprendí lo contrario de lo que uno esperaría: que la plata no arregla una cuenta que no da. Solo hace que tarde más en dolerte.
Volví a lo mío. Cofundé Ropofy y viví seis años en Canadá dirigiéndola en remoto, hasta que decidí regresar a Colombia a construir desde adentro. Entremedio fui coach de negocios y consultor en transformación digital, y ahí vi la escena que no se me olvida.
Un emprendedor con toda la energía del mundo, un producto en el que cree, y un negocio que llevaba nueve meses sin dar. Nos sentamos a sacar cuentas y en cuarenta minutos quedó claro que ese producto, a ese precio, nunca iba a dar. Nadie se lo había dicho. Todos le habían cobrado por hacerle cosas.
Colombia es el séptimo país del mundo montando negocios y el número 44 de 46 sosteniéndolos. Montar aquí es facilísimo. Sobrevivir es lo difícil, y casi nadie está vendiendo eso.
Digittant existe para sacar cuentas primero. A veces eso significa perder la venta del montaje. Vale la pena.